La relación equilibrada

A partir de este artículo, me gustaría hablar de mi perspectiva del amor como psicóloga, sexóloga, terapeuta de parejas y mujer.

 

Cuando las personas nos sentimos amadas, generalmente no padecemos de enfermedades ni nos sentimos con pocas fuerzas, sino todo lo contrario, parece que estamos llenos de energía y salud, y que ningún síntoma negativo nos afecta para llevar a cabo todas nuestras ilusiones siendo una etapa rica en autoestima.

 

Cuando entramos en el juego de la seducción, podemos asumir diversos tipos de personajes, hasta tal punto que podemos llegar a olvidarnos de quienes somos para continuar con este juego de interpretación. En ese juego de seducción es cuando mostramos lo mejor de nosotros mismos pero eso no puede durar eternamente y llega un momento en que se nos cae ese bonito disfraz y se nos ven nuestros defectos. Ahí es  cuando si se continua mutuamente seduciendo es lo que mantiene el vínculo amoroso. 

Cuando dos personas se unen, ese sentimiento amoroso se puede observar a través del contacto corporal. El buen contacto es el que te da confianza; no oprime ni manipula. El abrazo es el que acorta la distancia y nos hace sentir al otro sin necesidad de hablar. En la sensación fusional se sienten cosas como la respiración, la relajación, el abandono a las propias sensaciones, el abandono al otro, la pérdida de los límites del espacio corporal, la pérdida de la noción del espacio y tiempo, la sensación de seguridad y protección, estado de ensoñación y por último la pérdida del pensamiento racional.

Es en este espacio donde se produce un  buen contacto energético, notamos como si nos cargaran energéticamente con una corriente positiva, nos nutrimos.

 

Todo lo contrario ocurre cuando nos separamos, vivencia de desidentificación de lo otro y toma de contacto consigo mismo como algo distinto. El sentirse separado es un proceso psíquico de construcción de la propia identidad. Por ello, durante el proceso evolutivo es imprescindible que se le permita experimentar decidir por sí mismo. Con ello se equivoca o acierta, pero toma contacto consigo y sus posibilidades, su capacidad de decidir y sus riesgos.

La Fusión y la Separación se complementan e interaccionan en el ser humano favoreciendo el equilibrio personal y relacional.

Con la experiencia de la Separación tocamos aspectos como la libertad interior, el juego, la decisión, la posibilidad de cambio, el riesgo, la autorresponsabilidad, la excitación, la confrontación con los propios límites y con los de la realidad, y la creatividad. A su vez la distancia permite integrar vivencias.

Suele estar muy presente el miedo a amar, ya que existe el riesgo de que el otro te anule o que tu mismo te anules. Por ello es tan importante encontrar un equilibrio entre la fusión  y la separación. El contacto bueno (no agobiante), el sentirse amado/a crea una sensación fusional con el otro/a y una seguridad afectiva. Se experimenta bienestar y relajación, pero pasado un tiempo, tras un encuentro nutriente, la persona se satisface y aparece el deseo de separarse, como de independizarse del otro/a, de sentirse a sí mismo. Y de nuevo, satisfecha la propia realización y contacto con su individualidad, vuelve a aparecer el deseo de fusión. Esto puede ocurrir a cualquier edad. Se podría decir que hay períodos  en las vida de una persona que son más fusionables y otros en los que la separación es prioritaria.

Un buen vínculo amoroso supone la capacidad de vivir ambos estados en un cierto equilibrio, que puede quedar desajustado temporalmente en momentos de crisis personal o de pareja, para ajustarse con una nueva reestructuración.

Mantener el equilibrio en una pareja es un arte, no hay reglas fijas. Requiere trabajo personal para desarrollar ese equilibrio y creatividad.

La separación puede ser muy delicada si no se hace correctamente ya que algunas personas la pueden percibir como un abandono, aunque es necesaria porque sólo te puedes vincular realmente cuando te siente libre. (Libro: los vínculos amorosos)

 

Por lo que, todos deberíamos trabajar para ser conscientes de nuestros estados emocionales y esforzarnos por mantener nuestra propia identidad, ya que de este manera podemos ofrecernos más a nosotros mismos y a nuestra pareja. 

Como diría Garriga, “una pareja no debe ser tu vida, sino un complemento para tu vida”.

 

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