Terapia Familiar

¿Qué es la Terapia Familiar?

 

Es una disciplina terapéutica que se ocupa de las relaciones interpersonales. Se caracteriza por ampliar el foco de atención, del síntoma que produce sufrimiento al paciente (ansiedad, depresión, fobias, pensamientos obsesivos, consumo de sustancias, trastornos psicosomáticos, etc.) a la persona que lo sufre, su contexto, su historia y sus relaciones. De esta forma, el síntoma adquiere un significado, es entendible y por tanto modificable. Desde el momento en que podemos entender por qué a esta persona en concreto le ocurre esto, aquí y ahora, podemos ayudarla a superarlo.

 

 

¿A quién va dirigida?

 

  • A niños (y sus padres): los niños, todavía no tienen la capacidad para comprender qué les ocurre, plantearlo y buscar una solución. Cuando un niño sufre, generalmente no puede expresarlo con palabras, pero sí de muchas otras formas (dolores de barriga, enuresis, rabietas, “perdiendo” aprendizajes que ya había adquirido, etc.) que los adultos tendremos que decodificar. Es necesario que los padres o tutores del niño le acompañen en todos sus procesos, también en el terapéutico, no sólo para aportar información, también para ayudarle a comprender lo que le sucede y poder generalizar lo trabajado en consulta, en el día a día con el niño.

 

  • A adolescentes (y sus padres): los adolescentes no son niños y tampoco son adultos, están en una época de crisis, de cambio constante y por tanto generan cambios y crisis constantes a su alrededor también. Tienen un pie en la familia y el otro en su grupo de iguales (amigos) y hacen constantes movimientos hacia un lado y hacia el otro. Es el momento de empezar a definir su identidad, de diferenciarse de la familia, de traspasar límites y probar cosas nuevas (transgresión de normas, horarios, coqueteos con las drogas, primeros contactos sexuales, problemas alimenticios, etc.). Es una época difícil para ellos y para la familia y es posible que todos necesiten ayuda para poder atravesarla de forma satisfactoria.

 

  • A parejas: en la formación de una pareja se encuentran no sólo dos personas, también están sus historias, sus familias de origen y sus culturas. La formación de la pareja y su continuación suponen un reajuste constante del uno, del otro y de la relación creada entre ambos y pueden aparecer dificultades relacionadas con las carencias de cada uno en su familia de origen, con expectativas puestas en el otro no cumplidas, con desacuerdos en el proyecto de vida o en la forma de resolver los problemas… que, diluidas en la rutina del día a día, se enquistan y son difíciles de identificar y resolver. Los diferentes momentos del ciclo vital en el que transita la pareja  (formación de la pareja, formalización de la misma con la convivencia o matrimonio, tener hijos pequeños, tener hijos adolescentes, la salida de los hijos del hogar, la jubilación y el reencuentro con la pareja) están llenos de cambios que no siempre son sencillos de afrontar juntos, más aún cuando aparecen otros acontecimientos imprevistos como traslados, separaciones,  muertes… que pueden requerir ayuda profesional.

 

  • A familias: es fácil adivinar que si los niños, los adolescentes y las parejas pueden encontrarse con dificultades en las que necesiten un apoyo externo para sobreponerse, las familias en su conjunto se encontrarán con todas ellas. Además puede haber situaciones que generen estrés en toda la familia, como una separación, la formación de una nueva familia, familias reunificadas, etc. En general, las dificultades de un miembro de la familia repercutirán en todo el grupo familiar y los conflictos del grupo, afectarán a cada uno de sus integrantes. En ocasiones, es recomendable trabajar con toda la familia en conjunto (o con aquellas personas más significativas para la persona que presenta el síntoma) para obtener mejores resultados y más estables en el tiempo.

 

  • Adultos de forma individual: una persona, de forma individual, también se puede ver en la necesidad de revisar sus relaciones. Si observamos nuestro estado de ánimo, es fácil detectar correlaciones entre éste y el estado de nuestras relaciones (cómo nos afectan los conflictos, desacuerdos, decepciones… con la pareja, la familia, las amistades, los compañeros de trabajo…). Muchas veces, incluso sin darnos cuenta, nuestro organismo da “señales” de que algo no funciona (estados depresivos, ansiosos, problemas de insomnio, cambios en el apetito, abuso de sustancias, pensamientos obsesivos, cefaleas, bruxismo, pérdida de cabello, problemas gastrointestinales…) El cuerpo tiene infinitas formas de decirnos que nos revisemos, que revisemos nuestra vida, nuestras relaciones, nuestras decisiones… y no siempre le atendemos o le entendemos. A menudo, nos encontramos repitiendo historias ya vividas (haciendo otra vez lo que no quería hacer, teniendo una “nueva” relación de pareja destructiva, de nuevo solo y evitando a la gente que se interesa por mi…) Si ahondamos un poco en ello, veremos que detrás hay problemas en las relaciones (con los padres, con las parejas, con los iguales…) que no hemos resuelto y por tanto se nos presentan una y otra vez, como en un bucle sin fin. Cuando solos no somos capaces de resolver las cosas de forma diferente, obteniendo resultados distintos, es el momento de pedir ayuda. 

¿Qué beneficios tiene?

  • Esta terapia se adapta y personaliza para cada caso. Lo más importante es la relación con el paciente, que esté cómodo, que vaya a su propio ritmo, que sepa que se va a respetar el secreto profesional siempre, que no se va a sentir juzgado diga lo que diga o piense lo que piense, que no se va a sentir estigmatizado como portador de una enfermedad.
  • El objetivo es entender el significado de los síntomas, para modificar el origen de los mismos. No ponemos parches, trabajamos desde la raíz del problema.  Otras terapias, centradas en el desarrollo del síntoma pueden hacerlo desaparecer, pero si no se atiende el origen del mismo, el síntoma aparecerá de nuevo, bajo otra apariencia (un síntoma nuevo para el mismo conflicto).
  • Encontrar el significado del síntoma alivia al paciente, le desestigmatiza y puede liberarse de él y de su peso. Es por esto que este tipo de intervención ayuda a la no patologización del individuo y a abordar el problema de forma más eficaz.
  • En los casos en los que participan de la terapia los familiares del paciente (padres, pareja, familia), conseguimos multiplicar los factores de cambio. Se producen cambios en todo el sistema familiar, no sólo en un individuo y esto permite soluciones más fuertes y estables. 

¿Qué problemas/patologías trata?

 

  • Problemas relacionados con el ciclo vital de la persona y de la familia (niño, adolescente, adulto, formación de la pareja, tener hijos, el nido vacío, la jubilación, el reencuentro con la pareja, ser abuelos, el envejecimiento).
  • Problemas de salud, enfermedades físicas y crónicas (la asimilación de estos problemas y las consecuencias en la familia).
  • Trastornos psicosomáticos (aquellos síntomas físicos que no se corresponden con problemas de tipo orgánico, sino que son de origen emocional o empeoran en función del estado emocional de la persona)
  • Salud mental infantil y adolescente (en todas sus vertientes)
  • Salud mental adultos (en todas sus vertientes)
  • Abuso de alcohol y otras sustancias.
  • Problemas de pareja, separaciones, divorcios.
  • Promoción de habilidades parentales.
  • Experiencias traumáticas, duelo.

 

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